Detección temprana TEA

Una de las preguntas que los padres plantean al recibir el diagnóstico es cómo será el futuro de sus hijos, cómo será su vida de jóvenes y de adultos.

No podemos predecir el futuro de ningún niño, aún así sabemos que en los diagnósticos tempranos a los niños con TEA, es una clave fundamental.

La detección temprana es la mejor intervención. Si brindamos al niño los apoyos necesarios desde muy corta edad multiplica las posibilidades de autonomía.

Niños entre 18 – 24 meses

Las primeras personas en sospechar que a su hijo le ocurre algo son los padres sobre los 18 y 24 meses. Casi la primera señal de alarma es que el niño no responde a su nombre cuando se le llama, no señala objetos, o no aparece el balbuceo como cualquier otro niño.

Los TEA son trastornos del neurodesarrollo que se detectan en los primeros años de vida y que afectan y alteran de forma muy significativa las áreas de la comunicación, interacción social y la conducta.

Es un trastorno permanente y que va a limitar la vida de la persona que lo padece además de ocasionar un importante estrés en el ámbito familiar.

En la actualidad, y con excepción del Síndrome de Rett (mutación en MECP2), no disponemos de marcadores biológicos que nos ayuden a identificarlos, de forma que para establecer un diagnóstico nos tenemos que basar en las manifestaciones clínicas.

A pesar de una mayor difusión de esta patología, sigue resultando compleja su detección temprana, siendo la edad media de diagnóstico muy posterior a la edad en la que se manifiestan los primeros indicadores de alarma.

¿Qué retrasa el diagnóstico de esta patología?

  1. Su relativamente baja incidencia.
  2. La dificultad de los padres para detectar síntomas tan sutiles y más aún si es el primer hijo.
  3. La falta de información y de formación en la atención primaria.
  4. A veces dada la falta de seguridad, aplazar el diagnóstico por no etiquetar errónemente.
  5. Casi todos los padres se quejan por la presión que tienen que ejercer para que se les remita a un especialista.
  6. El hecho que el desarrollo sensorial y motor sea el adecuado en muchas ocasiones.
  7. A veces tras un período de desarrollo normal, existe una pérdida de habilidades.

Primeras sospechas:

  • El niño disfruta o se implica con juegos como los cinco lobitos, el cucú- tras.
  • Se interesa por otros niños (mirarlos, imitarlos…)
  • Señala con el dedo índice para pedir o llamar la atención sobre algo.
  • El niño solo coge juguetes para llevárselos a la cara, tirarlos.
  • No simula jugar con un coche o le diera de comer a una muñeca.

Siendo bebés mejor

Los niños con TEA siendo bebés mejor les ayudamos.

Adelantemos juntos

Ganarle tiempo al autismo.


Sin estereotipos

Además de estas primeras sospechas si las comparamos con el desarrollo típico de un niño, tiene mucha significación la presencia de estereotipias (movimientos repetitivos no funcionales), posturas extrañas de los dedos, exploración atípica de los objetos, interés atípico de objetos ( aparatos de aire acondicionado, microondas), fijación con objetos que llevan siempre consigo, rituales, alinear objetos, pérdidas de habilidades comunicativas o sociales alcanzadas, imitación de gestos sociales básicos ( Decir “Adiós” con la mano).

Así pues, actualmente contamos con conocimientos suficientes para disminuir la edad diagnóstico actual de niños con TEA.


¿Qué hacer una vez detectada la sospecha?

Cuándo un profesional de atención primaria detecta signos que pueden indicar que existe una posibilidad de TEA, tendría que remitir a esta familia a un servicio más especializado.

Comunicar este hecho puede entrañar grandes dificultades, especialmente con algunas familias muy sensibilizadas ante la posibilidad de que su hijo puede presentar algún problema. Con el fin de evitar encontrarnos con una negativa por parte de la familia a la hora de acudir al servicio, conviene ser especialmente cuidadoso y comunicarlo de un modo lo menos dramático y alarmante posible, tratando de plantear esta posibilidad como una forma de descartar una dificultad, antes como el modo de confirmar un diagnóstico.


¿Favorece la detección temprana?

La detección temprana favorece un mejor pronóstico  y evolución de estos niños, está demostrado que se obtienen mejores resultados cuando más temprano es el tratamiento.

Una mejor planificación de recursos a diferentes niveles: educativos, asistenciales, médicos.

Disminuir el estrés familiar, que tiene una información precisa, especializada y clara.

Evitar intervenciones inadecuadas y el peregrinaje profesional de las familias en busca de una respuesta a las dificultades de sus hijos, con el consiguiente coste emocional y económico.